sábado, 30 de maio de 2009

26 de Mayo, Starbucks

Pensé que era simplemente entrar y ser atendido, como en cualquier lugar común, pero no. Intenté ocupar uno de los lindos sofás… pero todos estaban ocupados. 

 Dejé mi libro encima de la mesa, la mochila también. Y yo seguía en búsqueda de un sofá, - tengo derecho de sentarme cómoda-  pensé, el derecho que me da haber trabajado todo el día en otra ciudad y de haber pasado dos horas en el transito, en un ómnibus sin baño. Solo habían parejas en los sillones, ninguna parecía muy animada, rostros cansados, probablemente tuvieron un día corrido, como todos los días en esta ciudad, ya nadie se escapa, yo tampoco. En las mesas, solo jóvenes, lucían mas animados, más contentos. Uno intentaba descifrar uno de esos cubos mágicos… cosa que yo nunca conseguí, porque mi paciencia es limitada, como ya sabemos.

El olor a café tomaba cuenta de mi, continuo en la mesa sola, literalmente sola porque el café tampoco había llegado, ni había tenido la oportunidad de pedirlo. Como siempre, llegué antes que todo el mundo, lo que hace mucho tiempo dejó de ser una ventaja.

El primer sillón se desocupa, pero el cuarteto de amigos fue mas ágil que yo y lo ocupó.

Ahora una moza pasa cerquita de mi, limpió la mesa de al lado, pronto, este es el momento en que me va a preguntar que quiero tomar, pensé. Ups! No me preguntó. Las mesas libres comienzan a ser ocupadas, todas por hombres jóvenes solos. Será que también están esperando compañías que salgan del trabajo, y que aunque ya haga dos horas que pasó la “hora pico” deben estar parados en el transito?. Pienso que si.. bueno, esa es la única razón por la que yo estaría aquí.. esperando a alguien, porque este no es un lugar que elegiría para pensar sobre mi vida. Aunque yo no estoy de traje y corbata.. será que el tipo de pantalón que usamos nos diferencia en los pensamientos.. He pensado que tiene todo que ver, pero no se.

Música en ingles de fondo, un poco alta para mis oídos que son sensibles a los ruidos, pero no lo suficiente para impedir que escuche la conversación entera del trío de amigas que está en la mesa de al lado, las tres ya terminaron su café, pero siguen ahí. Como yo seguiría si mis amigas estuvieran aquí. Nostalgia? Un poco, pero todavía no lo suficiente para salir de ahí e irme al aeropuerto. Cuestión de actitud? Puede ser.

Las parejas continúan en los sofás, algunas de manos dadas, otras menos animadas y el olor a café me abre el apetito, pero la pereza de guardar mi blok, mi libro y la lapicera de tinta negra fina que estoy usando, y salir en busca de mi café,  me están ganando, y continuo aquí, a la espera del encuentro, de un beso y un par de abrazos, tal vez.

Una mesa y tres sillas se desocupan, justo la de enfrente, yo espero dos personas, será que tendría que cambiarme de lugar y así asegurar que tendremos lugar para los tres?. Mi pensamiento y la punta de la lapicera quieren seguir escribiendo, aquí.. casi sin moverse, en un rinconcito tímido de la sala que huele a café y tiene más tomacorrientes que gente. Sí, ahora no sobrevivimos sin computadoras, pero ellas todavía precisan de cargadores y tomacorrientes. No son tan autosuficientes. Y yo me estoy pareciendo tanto a todos y a todas.. ya hice una lista de los mails que tengo que mandar hoy y del montón de cosas atrasadas que tengo, pensé tres veces en 30 minutos, que es el tiempo que llevo aquí, en que debería haber vuelto a casa y resolver las quince cosas pendientes que tengo.

La primera de las dos personas que espero llegó, en el momento justo como para interrumpir mis pensamientos inútiles y disponerme a tomar un rico café americano. Así es, en la tierra del café, yo pido uno americano. Globalización, lo llaman por ahí.

Segundo convidado aparece, como previsto, gané beso y abrazo. Es hora de ir al balcón y hacer el pedido:

 “café con edulcorante, por favor.”